santo subito

Solo falta, dicen, la firma de Benedicto XVI para que su predecesor sea, como se suele decir en estos casos, elevado a los altares. Según se ha publicado hoy, Juan Pablo II podría ser beatificado, paso previo a la canonización, en octubre de este año. La ceremonia tendría lugar apenas seis años después de su muerte. El mismo Benedicto XVI impulsó el proceso al firmar la dispensa que permitía no esperar los cinco años habituales para iniciar la causa.

Dieron en el clavo las pancartas que poblaban la romana plaza de San Pedro el día del funeral de JPII, y que reclamaban con un pegadizo “santo subito” su, a ser posible, inminente canonización. Durante aquellos días, más de tres millones de personas pasaron ante el féretro del papa Wojtila. Seguro que muchos hubieran visto con buenos ojos una canonización automática.

Aun así, se ha cumplido estrictamente con los requisitos, incluido un milagro de entre más de 200 presentados al estudio. Ciertamente se trata de una causa de beatificación excepcional por la rapidez de los plazos. Pero no es menos cierto que JPII fue una persona, un personaje en el mejor sentido, excepcional y que protagonizó un pontificado excepcional. Evidentemente con sus luces y sus sombras.

El hecho de que una persona sea beatificada supone que se le pueda venerar, normalmente, en la región desde la que se impulsa el proceso. Por la tumba de JPII en las grutas vaticanas pasan cada día unas 20.000 personas. Seguro que para otros tantos hace tiempo que el papa polaco es ya un santo al que dirigen sus oraciones, sin esperar a confirmaciones oficiales.

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