cofrades y pintadas

Pintar o garabatear (ensunciar, en cualquier caso) las paredes del barrio con reivindicaciones más o menos justas, lícitas o acertadas es algo lamentablemente muy extendido. Tanto que ha dejado de sorprender. En la mayoría de los casos, las pintadas suelen pasar desapercibidas y los vecinos pasan ante estos mensajes sin ni siquiera reparar en ellos.

Sin embargo, hay excepciones ante las que los medios de comunicación no pueden guardar silencio ni mirar para otro lado. Nadie duda que los medios ante, por ejemplo, pintadas amenazantes a políticos tienen la obligación de denunciar y condenar y no, simplemente hacerse eco de un triste suceso. Sí, el periodismo, tiene la obligación de tomar partido.

En un grupo de periodistas en Facebook se ha abierto un pequeño debate sobre la conveniencia de la difusión de unas pintadas contra los obispos que han aparecido en el recorrido de una procesión de Semana Santa. Rotundamente sí. Pero yendo más allá.

En este caso, no es la aparición de las pintadas la noticia. Pintadas, y contra la Iglesia, las hay patadas. Sin embargo, el paso de un cofrade ante el garabato produce una imagen con una fuerza, periodísticamente hablando, enorme, que no se puede obviar. El periodista debe aprovechar la fuerza y el atractivo periodístico de esa imagen para denunciar y condenar lo que, en definitiva, es un ataque a la libertad religiosa y la convivencia.

3 pensaments sobre “cofrades y pintadas

  1. José

    ¿Ataque a la libertad religiosa y a la convivencia? Pero, ¿qué decían las pintadas?
    Por cierto, te escribo desde un barrio secuestrado toda una semana por la muerte de un cardenal corrosivo y la adoración folclórica a una imagen. Imagino que decir que no me gusta es también un ataque.

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  2. Nando R. Sahuquillo Autor de l'entrada

    Las pintadas, aunque no lo recuerdo muy bien, eran contra los obispos, el Vaticano… Mantengo que es un ataque (hay muchas formas de atacar, más y menos sutiles). Lo sería igual sí se atacara cualquier otro acontecimiento, más aún cuando se daña el espacio público. Sin embargo, tus críticas (siempre bien recibidas) son un ejercicio sano de la libertad de expresión a través de los cauces adecuados. Estoy de acuerdo contigo en que hay mucho folclore (demasiado para mi gusto) en los actos de este domingo. Seguramente, y supongo que estarás de acuerdo conmigo, muchos de los hoy se repartan codazos, por acercarse a la Mare de Déu, mañana no se acuerden que en la Basílica, la Mare de Déu está todos los días, quizás, esperándoles.

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  3. José

    Sí estamos de acuerdo en eso de la hipocresía.
    Pero nuestro desacuerdo creo que puede darse en el la cuestión del uso del espacio público para la manifestación de una creencia religiosa: creo que cualquier colectivo tiene derecho al espacio público de manera regulada; creo también que la iglesia se considera privilegiada argumentando razones de identidad, tradición y esencia que son discutibles.
    Pero más allá, hay otro desacuerdo (digo yo). Me da la sensación de que reclamar el laicismo, la separación de la iglesia y el culto cristiano/católico de los poderes institucionales (políticos y militares) no puede dejar de verse por parte de la iglesia como una agresión, como un atentado hacia la libertad religiosa… posición ante la cuál es difícil situarse con serenidad.

    Un abrazo.
    Me alegro de que el respeto y la consideración sean mutuos.

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