cuántos caminan… y que pocos peregrinan

__MG_1602Más allá de la belleza del paisaje, la dureza de las etapas y el encuentro personal y con otros, el Camino de Santiago guarda, para quien los quiera descubrir, los más valiosos secretos en los más recónditos rincones. Miles de personas, muchos sin saberlo, siguen las huellas de los peregrinos que desde el siglo IX dejan atrás una parte de su vida para encontrar la tumba del apóstol Santiago.

Convertir en tradición el simple y cotidiano hecho de pasar por una peluquería y cortarse el pelo -¿cómo lo corto? sólo un poco, arreglarlo nada más- mientras se ha asumido por unos días la condición de peregrino en el milenario Camino de Santiago, mete de lleno en los lugares por donde se tiene el privilegio de pasar y convierte al peregrino en uno más de la estampa que desde la calle llega reflejada al espejo frente a la cual la peluquera ejecuta con maestría su trabajo.

El Camino Primitivo llega a Santiago de Compostela desde Oviedo y es la más antigua de las rutas jacobeas. El rey de Asturias Alfonso II el Casto lo recorrió por primera vez en el siglo IX para venerar la tumba del apóstol, que se acababa descubrir. Hoy tiene en Grandas de Salime, todavía en Asturias, parada obligatoria. Antes de cruzar la línea que deja atrás el Principado para adentrarse en Galicia, la antigua colegiata de El Salvador de esta capital de concejo (agrupación de pequeños núcleos urbanos) cobija en sus soportales a los peregrinos que llegan de Pola de Allande, Berducedo o La Mesa, según la longitud de sus etapas.

La sombra de sus arcos de medio punto resguarda del calor a quién se acerca a ella. Levantada en origen en el siglo XII y ampliada entre los siglos XVIII y XIX, el pequeño templo guarda sus secretos sólo para quien, de verdad, quiera descubrirlos.

La sacristana recibe al visitante con cara de pocos amigos, recelosa siendo como es la hora de comer. “Las fotos sin flash”, advierte a voces haciendo mención al enorme cartel pegado rústicamente en el tablón de la entrada del templo. “Las 800.000 pesetas que vale restaurar el retablo, en Grandas no las tenemos”, grita. Para muchos, el valor de las cosas siempre se medirá con la vieja moneda. Unos ochenta años, jersey de lana en pleno agosto. Cojea mientras recorre la pequeña nave y mete todo en orden para la celebración de la tarde antes de cerrar.

La expresión de su rostro consumido por los años y el ceño fruncido cambia al oír la que resulta ser la palabra mágica.  “¿Sois peregrinos? Traed y os sello las credenciales… y sube, súbete al altar y haz las fotos que quieras al retablo y con el flash para que te salgan mejor”. La bronca de bienvenida se transforma en cuestión de segundos en una lección magistral de arte sacro. “Allá tienes a Santiago y a San Roque, que también es peregrino. Más abajo, mira, María Magdalena y San Nicolás y al centro la coronación de la Virgen”. Una por una, pone nombre a las imágenes que flanquean la talla principal.

Sin parar de recorrer el templo, la sacristana se queja de que cada día entra gente en su iglesia “sin saber dónde está entrando”. Asegura que ha tenido más de una discusión con visitantes a los que ha terminado por echar del templo. En el fondo de su reflexión se levanta un fuerte lamento. Cada vez más pasan por Grandas -y por todo el Camino- cientos de turistas, deportistas y caminantes con sus mochilas a cuestas… “pero pocos peregrinos”, en su sentido más pleno. Cuántos caminan y que pocos peregrinan.

La estampa que se refleja en el espejo de la peluquería de espaldas a la puerta toma forma. Frente a la iglesia y en sus soportales, a resguardo del intenso sol de las cuatro de la tarde, decenas de personas aguardan. Un funeral. Un sepelio de los de antes. De los que monopolizan la conversación de, a pesar de sus múltiples servicios y su cabeza de concejo, un pequeño pueblo asturiano en el límite con Galicia. Debe de ser alguien conocido. Las esquelas fotocopiadas que cuelgan de mostradores y tablones de anuncios lo confirman.

Convertir en tradición algo tan sencillo y cotidiano como cortarse el pelo lleva a asistir a la etapa final del peregrinar de una persona en el mismo lugar sagrado en el que, desde que Alfonso II el Casto recorriera por primera vez el hoy conocido como Camino Primitivo, cientos de miles de peregrinos han dejado sus huellas marcando la senda de los que llegarán detrás.

Este article ha sigut publicat a Torrent Informatiu. Compartint esta publicació a les teues xarxes socials altres com tú podran llegir-la i, a més a més, ajudaràs este mitjà de comunicació a creixer i a seguir oferint continguts.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s