Católicos chinos en Valencia: su vida, su fe

En la parroquia de San Valero Obispo y San Vicente Mártir de Valencia, en el corazón del barrio valenciano de Ruzafa, junto al mercado, la comunidad de chinos católicos se reúne cada semana para participar en la eucaristía y celebrar los sacramentos. Con el silencio y la discreción propios de los orientales, la comunidad católica china crece y se consolida. Sus coordinadores trabajan sin descanso para que sus compatriotas, niños, jóvenes y adultos, tengan la atención pastoral que necesitan.

“No hacemos nada malo, no tenemos por qué escondernos”. Así de seguros se sienten los responsables de la comunidad católica china de Valencia, cuestionados sobre la oportunidad de publicar su historia dada la complicada situación que atraviesa la Iglesia Católica en su China natal.

Sin embargo, prefieren “hablar de Dios y el Papa”, subrayando así su unión con Roma y el Santo Padre, punto clave del conflicto que vive la Iglesia en su país, donde los obispos son ordenados por la iglesia oficial, dependiente del gobierno, sin el correspondiente mandato del Vaticano.

Aunque la persecución religiosa depende en China de la región y del gobernador de turno, en la propia comunidad se constata que es una realidad. La diócesis de la que procede el actual sacerdote, desde hace algunos años no tiene obispo al frente. El prelado desapareció hace una década. Estuvo varios años en prisión y en trabajos forzados hasta que fue puesto en libertad. Sin embargo, unos años después desapareció. Se sospecha que fue secuestrado a manos de las autoridades.

Por otra parte, la política del hijo único sobre el control de la natalidad,  que permite engendrar sólo un descendiente, ha empujado a muchas familias a abandonar el país o a tener a los hijos a escondidas y no inscribirlos hasta que cumplen los 10 años.
En ese momento, no pueden matarlos, aunque se enfrentan a costosas multas. Son frecuentes los casos de abortos en embarazos muy avanzados e incluso infanticidios. Se calcula que en China, desde que entró en vigor esta política en 1979 han dejado de nacer 400 millones de niños.

La situación de la Iglesia y de los católicos en China -se calcula que son unos 12 millones- precupa a la Iglesia. Tanto que el papa Benedicto XVI convocó en 2008 una jornada de oración por la Iglesia en aquel país. En aquella ocasión, el Santo Padre compuso una plegaria dedicada a Nuestra Señora de Sheshan, patrona de China, venerada en el santuario con el mismo nombre cerca de Shangai.

Cuando se habla de libertad de religiosa, China sigue estando en el punto de mira. Según el último Informe sobre Libertad Religiosa Internacional, publicado por el Departamento de Estado de Estados Unidos y difundido por la agenca ZENIT, China está entre los países con menor libertad religiosa.

Según este estudio, los católicos leales al Vaticano no pueden inscribirse como entidades religiosas y los aspirantes a entrar en los seminarios deben demostrar su “confianza política”. Con todo, en Valencia, cada domingo, un buen número de chinos católicos quiere “hablar del Dios y del Papa”.

La comunidad católica china crece y se consolida
Entre las calles del popular barrio valenciano de Ruzafa y al calor de los muros de la parroquia de San Valero Obispo y San Vicente Mártir ha crecido silenciosa y discretamente la comunidad católica china, formada por cerca de medio millar de personas. Muchos llevan más de 20 años aquí, empujados por razones económicas o por la política familiar de los gobiernos chinos, en algunos casos, al frente de sus restaurantes asiáticos y sus bazares.

Cada domingo, a eso de las 5 de la tarde, en torno a un centenar de fieles chinos rompen el silencio del templo situado frente al mercado de Ruzafa con cantos indescifrables para el oído occidental. Poco a poco, familias enteras pueblan los primeros bancos hasta casi completar la mitad de la nave y se preparan para la celebración de la eucaristía. Wang, el sacerdote, aprovecha para confesar. Es el único momento de la semana en el que los chinos pueden recibir el sacramento del perdón con un compatriota.

La relación de la comunidad china con esta parroquia, tal y como relata el párroco de San Valero Obispo y San Vicente Mártir, José Verdeguer, se remonta a finales de los 90. “Cuando yo llegúe a esta parroquia hace doce años, ya había familias que participaban en las celebraciones”, apunta.

En un principio, esta participación se limitaba a la celebración de bautismos y bodas. Poco a poco, unas familias fueron llamando a otras y el grupo fue creciendo. En este sentido, es “importantísimo el número de bautizos” que se celebran tanto de recién nacidos como de adultos, según subraya Verdeguer.

Con el aumento de la comunidad de católicos chinos crecieron, evidentemente, sus necesidades pastorales. En poco tiempo, el párroco, ansioso por dar atención a la creciente comunidad, se encontró con el problema del idioma. Verdeguer aspiraba a que la vinculación de estas familias a la comunidad no se limitara a celebraciones puntuales sino a la celebración semanal de la eucaristía dominical por lo que organizó clases de español en dos niveles, “para los recién llegados que no sabían nada y para los que ya conocían algo nuestra lengua”.

Unido a esto, un sacerdote chino que ampliaba estudios en Pamplona, el padre Zheng, solicitó el traslado de expediente a Valencia. Fue así como se estableció la celebración de la santa misa en chino los domingos por la tarde, punto de encuentro semanal de los chinos católicos de la ciudad.

Dado el importante crecimiento que ha experimentado el grupo, desde la parroquia se intenta ofrecer los mismos servicios y atenciones pastorales que a cualquier otro feligrés. Se intenta conocer la realidad de cada familia, aunque no siempre es posible. Verdeguer reconoce la dificultad “objetiva” que existe para que la integración de la comunidad católica china en la parroquia y el resto de la diócesis crezca: “el trabajo”. Tal y como señala el sacerdote, “disponen del poquísimo tiempo que les dejan sus negocios”.

Sin embargo, trata de romper esa dinámica con diferentes propuestas como la que le llevó a él y a medio centenar de chinos a visitar el museo de la Basílica de la Mare de Déu y el museo San Pío V recientemente.

Después de tantos años de relación, Verdeguer es quien mejor conoce a las familias que cada domingo se acercan al templo y destaca su espíritu de colaboración: “son muy solidarios y se ayudan mucho entre ellos”. Miran con preocupación la situación de la Iglesia en su país y envían dinero a sus parroquias de origen. En este sentido, tres coordinadores, Chen, Lin y Yu se encargan de la creación de un fondo económico común para cuando algun miembro de la comunidad tenga alguna necesidad.

Verdeguer reconoce, sin embargo, que el nivel de integración de la comunidad china en el barrio y en la ciudad es bajo porque su estancia aquí es siempre provisional. “En sus planes, de un modo u otro, siempre está regresar a China. Por esta razón, ningúno de ellos es enterrado en España.” Si un chino muere repentinamente se trasladan sus restos lo más rápidamente posible. Sin embargo, en algunos casos, esa provisionalidad puede prolongarse durante décadas. Tanto que los hijos nacidos en Valencia hablan mejor español, incluso valenciano, que chino.

Una misma fe
El chino católico no es demasiado distinto del católico occidental, más aún cuando vive su fe en un país como España. Al compartir el rito romano, son mínimas las diferencias. Aún así, mantienen algunas peculiaridades, como el simbolismo de algunos colores.

El rojo es el color de las fiestas y lo emplea la novia el día de su boda. Sin embargo, por la influencia española, últimamente muchas esposas optan por el blanco para la celebración religiosa y cambian su vestido por uno rojo para el banquete.

La misa en chino de San Valero Obispo y San Vicente guarda par el final una hermosa costumbre. Los niños y niñas, muchos algunos domingos, se arrodillan en el antepresbiterio para recibir, uno por uno, la bendición de los sacerdote.

Empezarán a dar catequesis a niños y a realizar retiros espirituales y peregrinaciones para jóvenes
A pesar de que la participación de chinos en las eucaristías de San Valero y del resto de parroquias se remonta ya a varias décadas, sólo desde hace unos tres años puede hablarse de comunidad identificada y consolidada. Chen, Lin y Yu han recibido del párroco la misión, junto al también recién llegado sacerdote Wang, de integrar y consolidar la comunidad de católicos chinos.

Uno de los objetivos que se plantean los coordinadores, aunque muy a largo plazo, es la integración de los cerca de 500 compatriotas católicos que, según ellos, hay en la ciudad de Valencia. Reconocen que es muy complicado, que no es cuestión de coger el teléfono y decir “ven a misa aquí a San Valero”, sino que piensan que debe surgir espontáneamente.

Entre los proyectos que tienen previsto llevar adelante próximamente destaca la catequesis tanto para niños como para adolescentes y jóvenes, así como lecciones tanto de chino como de castellano. Tienen también la intención de celebrar un retiro espiritual para jóvenes, así como algunas peregrinaciones.

Su esfuerzo es enorme, pues para combinar su servicio pastoral con sus larguísimas jornadas laborales se ven obligados a mantener las reuniones con el resto de seglares responsables pasada la medianoche.

Reconocen que el idioma es lo que más ha condicionado su vivencia de la fe y los sacramentos en España. No es fácil participar en una misa en castellano y menos encontrar un sacerdote con el que confesarse. Ellos mismos solicitaron el traslado de expediente de Wang de Salamanca a Valencia para que que se pusiera al frente de la comunidad.

Así es el primer devocionario castellano – chino mandarín
Más allá de las importantes barreras culturales, suavizadas por el paso de los años, la cuestión del idioma es la que más dificulta la vivencia de la fe de la comunidad católica china de Valencia.  Tanto a los más mayores, muchos de los cuales no dominan el castellano, como a los chinos nacidos en España que desconocen, por el contrario, la lengua de sus padres.  Dada la cantidad de lenguas que existen en China y la enorme diferencia entre ellas, la comunidad católica local, recurre al chino mandarín, conocido por todos.

Esto, a pesar de que la mayoría de los chinos que viven en Valencia proceden de la provincia de Fujian, al sureste de China. Por esta razón, la comunidad de católicos chinos ha editado un “Devocionario Básico” bilingüe castellano-chino.

La publicación contiene el texto completo de la misa y algunas oraciones básicas de la tradición católica como el Ángelus, el Regina Coeli y el Santo Rosario. Incluye, además, la oración que compuso el papa Benedicto XVI a Nuestra Señora de Sheshan.

Un pensament sobre “Católicos chinos en Valencia: su vida, su fe

  1. Teresa- Carlota Genovés

    Los delegados del Patronato de Torreciudad en Valencia desean invitarles a la Jornada de Oración por la Iglesia en China, que tendrá lugar el próximo día 20 de mayo, domingo, en el Santuario de Torreciudad en Huesca. Para cualquier consulta rogamos se pongan en comunicación con sus coordinadores: José Ferre 617383080 o Teresa Carlota Genovés 619045322
    http://www.torreciudad.org/detalle-evento/57/5-jornada-de-oracion-por-la-iglesia-en-china/

    Respon

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