Florencia lo pone fácil

La ciudad de los Medici pone las cosas fáciles a quien pasa por ella. Su historia, su arte y su gastronomía se descubren al viajero a poco que éste ponga algo de su parte.

La peor sensación que puede sentirse al regresar de un lugar antes desconocido es la de no haber realmente estado. No hay sentimiento peor ni más frustrante. Se puede haber estado en una ciudad, pero, ay, si la ciudad no ha estado en ti. Mala marcha. El presunto viajero puede revisar las cientos de fotos de la cámara digital, una tras otra, y el lugar seguirá siendo igual de desconocido. Seguirá siendo esa ciudad que ha visto en los libros de arte, en las películas de acción o de la que habla una canción que un día escuchó.

Sin embargo, no todo está perdido. Quedan esperanzas y cosas por hacer antes de que la palabra viajero quede sustituida definitiva e irremediablemente por turista en los diccionarios y guías de viaje. Aunque es de justicia reconocer que hay destinos que lo ponen fácil y se descubren al viajero a poco que éste ponga algo de su parte.
Florencia es un buen ejemplo. En el corazón de Italia. Al pie de los Apeninos que dividen la península de norte a sur. Cuna del Renacimiento. Capital mundial del arte. Florencia lo pone realmente fácil.

Florencia puede entrar en ti por la boca a poco que te guste la comida picante y no seas reacio a comerte en bocadillo uno de los cuatro estómagos de la vaca. Y nada de sentarse, el panino con lampredotto lo engulle uno de pie, rápido, que queda mucho por descubrir. Los más exigentes tienen la opción de la bistecca alla fiorentina, un pedazo de carne de vaca hecho a la brasa de unos cinco centímetros de grosor prácticamente crudo en su parte central. Y basta una breve visita a la cocina del restaurante para contemplar el espectáculo de quilos y quilos de carne cocinándose a la brasa para que Florencia entre en ti también a través del olfato.

Florencia puede entrar en ti por el oído mientras Seba te cuenta en que consiste el calcio storico, en el que participa como árbitro, y que cada mes de junio traslada a la ciudad al siglo XVI. Calcio significa patada, lo que explica que para practicar este embrión del fútbol carente de reglas, Simone, que participa como jugador, necesite un cuerpo propio de la práctica de la lucha libre. Si afinas el oído descubres que, realmente, por una particularidad en la pronunciación, en Florencia el refresco más universal es la jojajola.

Florencia puede entrar en ti por la piel mientras recorres la ciudad en moto y el frío te corta el rostro. Y por los ojos mientras el piloto te descubre la urbe palmo a palmo a ritmo trepidante, señalando dónde estaban las antiguas murallas, en qué barrios vive la clase adinerada, cuáles son los mejores locales de copas o dónde acaban de inaugurar un nuevo palacio de la música. O con más calma, frente al Nacimiento de Venus de Boticelli en la Galleria degli Uffizi, a los pies del David de Miguel Ángel o en lo alto del campanile del Duomo, frente a su cúpupa proyectada por Brunelleschi.

Florencia puede entrar en ti también por el tacto de los cientos de tenderetes que rodean el Mercado de San Lorenzo y en el que, con las influencias oportunas, consigues a buen precio algún recuerdo de la ciudad o, más importante dadas las circunstancias atmosféricas, un par de guantes de piel, una bufanda y un colorido gorro con orejeras.

Todas las guías de viaje publicadas en el mundo y millones de audioguías multilingüe tienen la batalla perdida. Y de las cientos de miles de fotos solo se necesita una, la de Anna y Domenico, que nos acogieron en su casa.

Lee aquí el número de enero de Torrent Informatiu

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