kilómetros de devoción popular

Por devoción, promesa o tradición, son miles las personas que la madrugada del segundo domingo de mayo vencen el sueño y el cansancio y se dirigen caminando a Valencia para encomendarse a la Mare de Déu dels Desamparats. Los grupos se reúnen, coordinados por alguna asociación o de manera espontánea, poco después de la medianoche para emprender la marcha. De decenas de localidades de la diócesis llegan peregrinos para venerar a la Geperudeta. De Paterna, llegan a Valencia más de tres mil personas.

La peregrinación a pie hasta Valencia la madrugada del segundo domingo de mayo forma parte ya del paisaje  que envuelve la fiesta de la Virgen de los Desamparados. Son miles los devotos de la Mare de Déu los que peregrinan de madrugada desde diferentes localidades valencianas hasta la Basílica de la Virgen, normalmente a pie, aunque también puede verse algún carro de caballos, para participar en las celebraciones que tienen lugar por la fiesta de la patrona de Valencia.

Unos, la gran mayoría, llegarán poco antes de las 5 de la madrugada para participar en la conocida como ‘Missa de la Descoberta’, uno de los actos principales del fin de semana. Otros, algo más tarde,  cuando el sol ya anuncie el día de la Patrona, se unirán a las 8 de la mañana a la ‘Missa d’Infants’, la concurrida eucaristía en la plaza de la Virgen, cantada por coros de niños.

Por devoción, promesa y tradición, la estampa se repite a lo largo y ancho del área metropolitana de la capital. Poco después de la medianoche, los grupos, más o menos numerosos, se reúnen en las plazas de los pueblos y emprenden la marcha.

Si pudiera contemplarse una vista aérea de Valencia y sus alrededores la madrugada del segundo domingo de mayo, se distinguirían los caminos y antiguas carreteras de acceso a la ciudad recorridas por los grupos de peregrinos que dibujan su camino.

En Paterna, alrededor de 3.000 personas se reúnen en la medianoche del sábado al domingo en la avenida Vicente Mortes de la localidad. Es preciso tomar fuerzas ante la inminente caminata por lo que se reparte chocolate y pastas antes de emprender la marcha hacia Valencia. Se da la curiosidad de que pocas de estas peregrinaciones parten de manera ‘organizada’ por alguna entidad o asociación sino que los devotos se incorporan libre y espontáneamente.

Desde 2004 la asociación Amigos del Camino de Paterna organiza una de las marchas más multidunarias y de las pocas que ‘encabeza’ algún tipo de entidad. Tres horas, poco más o menos, es lo que tardan los miles de devotos en recorrer los cerca de 10 kilómetros que separan Paterna de la capital. El recorrido cuenta, además, con la participación de la Banda de Tambores y Cornetas del barrio de La Coma, que pone música a un camino en el que participan desde recién nacidos hasta personas de 90 años. Tradicionalmente, los Amigos del Camino de Paterna ofrecen a la Mare de Déu durante la ‘Missa de la Descoberta’ al peregrino más joven, que suele ser un bebé.

Comprometidos con su ciudad
Los miembros de esta asociación recorren el camino pertrechados con las cañas propias de las romerías, elaboradas de manera artesanal por los propios asociados. Según explica a PARAULA Jesús Fernández, “son cañas personales, que llevan el escudo de la asociación”. La “equipación se completa con un pañuelo bordado con el emblema. “Es una cosa muy del pueblo”, asegura Fernández. Las cañas, que incluyen iluminación, llevan grabado, además, el nombre del portador.

Esta asociación no solo organiza y coordina desde 2004 la peregrinación a Valencia la madrugada del día de la patrona. Se trata de una asociación integrada y comprometida con la ciudad y promueve iniciativas solidarias para ayudar a financiar proyectos sociales de todo tipo.

En este sentido, este año un grupo de niños discapacitados pertenecientes al Patronato Intermunicipal Francisco Esteve de discapacitados intelectuales formarán parte de la peregrinación y serán ofrecidos a la Mare de Déu. Precisamente, la peregrinación dará comienzo pocas horas después de que la asociación organizace una gala en el velódromo Luis Puig a beneficio de niños con discapacidad. Desde 2011, cuando la asociación conoció de primera mano el caso de Luhay Santamaría, un niño que nació con una enfermedad neuromuscular que le impide andar, hablar o masticar, la asociación de Amigos del Camino de Paterna promueve iniciativas solidarias. Con ese espíritu miles de paterneros caminan para encontrarse con la Mare de Déu y que, según el presidente de la Asociación “quien prueba repite”.

Como sin duda le sucedió a Óscar Gimeno, de 17 años y vecino de Massamagrell, desde donde cada año decenas de devotos también parten hacia Valencia. Óscar solo ha peregrinado un año, pero tiene intención de volver. Peregrinó con su familia: su abuela Carmen Izquierdo, de 82 años; su tío Alfonso García, su tía Mª Carmen Oliver y su prima Verónica. Según cuenta, la idea de peregrinar surgió en una reunión familiar. “La abuela tenía ganas de ir y como se acercaba la fecha, decidimos ir”. Sabían que mucha gente del pueblo iba por la carretera de Barcelona, aunque ellos optaron por ir “más a su aire”.

La ilusión por ver a la Virgen impulsa a seguir
Según recuerda, tardaron alrededor de tres horas, haciendo algunas paradas para descansar. La última, antes de enfrentarse al último tramo, la aprovecharon para coger fuerzas en una horchatería. Óscar no recuerda ningún tipo de dificultad en la marcha, dado que se trata de una familia aficionada al deporte. Ni siquiera su abuela, a quien la ilusión de llegar de madrugada a los pies de la Mare de Déu empujaba a seguir.

Óscar no olvida el “ambiente familiar y festivo” que hubo en todo momento, tanto en el trayecto a pie como luego en la plaza. “No llevábamos nada especial, sólo unas cañas para caminar”, apunta. “Tampoco necesitamos linternas porque, aunque es de noche, pasas por los pueblos y todo el camino está iluminado.

También de Massamagrell es Pepita Soro, de 61 años. Peregrinó a la Virgen hace unos 10 años con su hermana Carmen y su amiga Amparo Aguilar. Como suele ser habitual, se enteraron de que la gente se reunía en la plaza del pueblo para salir andando.

Según recuerda, salieron justo a medianoche “tocando las campanas, como es tradición”. Kilómetro a kilómetro, el grupo inicial de medio centenar de personas aumentó con los devotos de los pueblos que se incorporaban a la marcha. “Incluso había quien iba andando desde Sagunto y eso me impactó mucho, pensé que eran muy valientes por venir andando desde allí”, rememora. En aquella ocasión, llegaron a la plaza de la Virgen en torno a  las tres de la madrugada y, como el resto miles de peregrinos, aprovecharon para animar la espera hasta el comienzo de la ‘Missa de la Descoberta’ tomando café en alguno de los locales que permacene abierto toda la noche, aprovechando la masiva afluencia de gente. “Nunca había visto la ‘Descoberta’ y me gustó mucho ver la devoción de la gente”. Pepita lo recuerda hoy “como un procesión en la que cada uno va a lo suyo, aunque todos a lo mismo” y asegura que le encantaría poder hacerlo con su hija, aunque, de momento, al trabajar fuera de Valencia, es complicado. Con peregrinación o sin ella, mantiene viva su devoción a la Virgen.

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