la pequeña Roma de América

En el departamento de Puno, uno de los más pobres del Perú, la ciudad de Juli descansa entre colinas y casi flota sobre el lago Titicaca, luchando por ser, de verdad, la pequeña Roma andina. Por jesuitas y dominicos, comparte con la capital italiana, además de estar asentada sobre varios montículos, el nombre de sus iglesias. En Juli están San Pedro, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y Santa Cruz de Jerusalén, importantes templos romanos. El ganado, la agricultura y la fauna del lago ocupan y alimentan a sus habitantes -muchos de ellos pertenecientes al milenario pueblo aymara- que se esfuerzan en progresar sosteniendo con fidelidad el peso de su historia.

Artículo publicado en el último número de Torrent Informatiu, en edición impresa, con más reportajes y entrevistas

1. Aymaras.- Desconfiados y reservados, habitan el sur del país desde mucho antes de que los españoles cruzaran el charco. El pueblo aymara, con lengua cooficial propia, lo forman cerca de medio millón de personas. Su profunda religiosidad, simple superstición en muchos casos, provoca constantes choques con la tradición cristiana.

2. Fe y superstición.-La fe y la superstición caminan de la mano en el altiplano peruano. Los sacerdotes católicos bregan a diario por volver a la ortodoxia y eliminar prácticas supuestamente mágicas disfrazadas de religiosidad.

3. Costa, sierra y selva.– Perú es costa, sierra y selva. El mismo. Distinto. Cada uno con sus tradiciones, su cultura, su gastronomía… y sus danzas -expresión de su esencia, su historia y su folclore- que se aprenden desde bien pequeños.

4. Lago Titicaca.- Es el lago navegable más alto del mundo. Está a unos 3.800 metros de altura. Más de un millón de peruanos que habitan las once provincias de su cuenca tienen sustento gracias a sus aguas, principalmente por la pesca y el cultivo en criaderos de la trucha.

5. Muerte en el asfalto.- Del zarpazo de la muerte en el asfalto son testigo silencioso diminutas capillas en los arcenes de las vías. Forman parte de la más trágica cotidianeidad. En 2011 se dejaron la vida en las carreteras peruanas 2.794 personas, más del doble que en España, donde circulan diez veces más vehiculos.

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