ortodoxos, su vida, su fe

_MG_1397Con voluntad y sus propias manos, ciudadanos rumanos de Torrent han logrado levantar un lugar en el que celebrar su fe. Desde hace poco más de medio año se reúnen en la parroquia de San Efrén, el primer templo ortodoxo de la ciudad.

Hay una iglesia en Torrent que no tiene esculturas, sólo iconos bizantinos. Los cantos son fundamentales en su liturgia pero se elevan a la divinidad sin instrumentos. Sólo suenan las cuerdas vocales de los cantores. No hay bancos, sólo algunas sillas para las personas mayores. Las largas celebraciones se siguen de pie y la señal de la cruz se hace, visto desde la perspectiva católica, al revés. Es la parroquia ortodoxa rumana de San Efrén, ubicada desde poco más de medio año en un pequeño local de la calle Toledo. Cada domingo acuden a misa alrededor de un centenar de personas.

Todo el templo está decorado con un elemento fundamental heredero de la cultura bizantina: los iconos. La iglesia ortodoxa no admite la reproducción de Cristo, la Virgen o los santos en forma de escultura sino exclusivamente en imágenes planas. El icono está considerado mucho más que un ornamento agradable a la vista. Es un instrumento espiritual de comunicación con la divinidad. En cuanto a la señal de la cruz, difiere de la forma católica en que la mano toca primero el hombro derecho para después cruzar al izquierdo.

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Una gran talla de madera con una puerta central y dos laterales, conocida como iconostasio, separa la nave, en la que se ubican los fieles, del presbiterio, al que solo acceden los clérigos para la celebración de la misa. Sobre el iconostasio descansan imágenes de Cristo, la Virgen, algunas escenas bíblicas y a la derecha, en lugar preferente, San Efrén, a quien está consagrada la parroquia.

_MG_1373En la parte izquierda de la nave frente a unos ambones situados en la parte delantera, un gran atril giratorio de madera guarda los libros de los cantos, de importancia capital en la liturgia ortodoxa. Eso sí, destaca la ausencia de cualquier instrumento, más allá de la voz, para el culto.

Al frente de esta naciente comunidad está el sacerdote Vasile Pop, que llegó a Torrent procedente de Targu Lapus, una ciudad situada al norte de Rumanía. Según explica, con la dificultad con el español propia de quien apenas lleva unos meses en la ciudad, la vida de la parroquia no se detiene en la celebración de la eucaristía dominical. “La iglesia es iglesia las 24 horas del día”, remarca el clérigo, para subrayar la ferviente actividad. La comunidad, según cuenta, “tiene escuela parroquial y sesiones de catequesis” para los niños; varios días a la semana se preparan los cantos para las celebraciones y se atiende a las familias necesitadas. Vasile está al corriente de la realidad del barrio y no duda en socorrer, siempre que es posible, a quien pide ayuda, sea cual sea su credo o nacionalidad. Además, poco a poco, ha conocido algunos templos católicos de la ciudad y a sus respectivos párrocos.

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La voluntad de los ciudadanos rumanos de la ciudad, que para acudir a los servicios religiosos tenían que desplazarse a otros lugares, ha levantado la parroquia. Se recogieron firmas para elevar la petición de apertura de la parroquia al obispo Timotei, que es el prelado ortodoxo rumano para España, con sede en Madrid y del que dependen las iglesias ortodoxas del país. Tras la aceptación de la propuesta, la parroquia echó a andar.

Entre toda la comunidad, poco a poco y no sin esfuerzo, lo que fue un local frío y diáfano se ha convertido en un templo que reúne las características propias de las iglesias ortodoxas. Al entrar lo primero que llama la atención a la vista acostumbrada a los templos  católicos es la práctica ausencia de sillas y bancos. La liturgia ortodoxa, que no suele durar menos de dos horas, se sigue de pie y, en algunos momentos, de rodillas. Sólo se sientan niños y personas mayores que no pueden permanecer de pie demasiado tiempo.

Cada domingo, cerca de un centenar de rumanos se reúnen en la eucaristía. Esta cifra se multiplica en celebraciones más solemnes como la Navidad, la Epifanía o Pascua o, incluso, en celebraciones de carácter civil como el día nacional de Rumanía, el 1 de diciembre. La parroquia no es solo lugar de culto sino punto de encuentro de los cerca de 1.500 rumanos que viven en Torrent y un punto más en el desarrollado tejido social y cultural de la ciudad.

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Una vez erigido y puesto en marcha su templo, la comunidad ortodoxa local se enfrenta al reto de seguir creciendo, de acoger a fieles ortodoxos de otras localidades y de vivir su fe lejos de su país. Cuidan sus tradiciones, sus costumbres y los modos propios de expresar su religiosidad sin olvidar la apuesta por la integración en un barrio y una ciudad que, reconocen, les ha acogido desde el primer día.

_MG_1343“La unidad de los cristianos es esencial para el testimonio”
A pesar de que la unidad del cristianismo primitivo apenas se mantuvo unos pocos siglos, fue en el año 1054 cuando tuvo lugar lo que se conoce como el Gran Cisma. La mutua excomunión entre el Papa y el Patriarca de Constantinopla supuso la separación de los cristianos de Oriente y de Occidente. Unos mil años después, en el siglo XVI, la Reforma daría origen a nuevas iglesias y organizaciones recogidas bajo la denominación Protestante y a una nueva gran separación.

Para tratar de reducir esta fuerte división nació la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que se celebra del 18 al 25 de enero. Tal y como explica el prefecto del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos de la Santa Sede, el cardenal Kurt Koch, en una entrevista concedida a la agencia ZENIT, surgió como iniciativa de la iglesia anglicana en el siglo XIX y aceptada por el entonces papa León XIII. Poco a poco se convirtió en costumbre y hoy es el acontecimiento más importante del año para el movimiento ecuménico, promotor de la unidad de los cristianos.

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En este contexto, la parroquia la Asunción de Nuestra Señora de la ciudad acogió el pasado 17 de enero una celebración en la que participaron feligreses de las parroquias católicas y fieles de la iglesia ortodoxa rumana local. “Hablar de unidad es hablar de diálogo, de ver lo bueno que hay en los demás, pedir perdón por los errores cometidos y acercarse a ellos”. Así se pronuncia el párroco de la Asunción de Nuestra Señora, el sacerdote Juan José Llorens, miembro de la comisión encargada de esta semana de oración en Torrent, que destaca “el bautismo, la creencia en el poder de la oración y la pertenencia al Consejo Mundial de las Iglesias” como vínculos entre las confesiones cristianas, que pueden hacer avanzar el diálogo.

Llorens reconoce que a nivel local está en manos de la iglesia católica, por ser en este caso la mayoritaria, el fomentar el diálogo “humano y amistoso” con el resto de cristianos e, igualmente, con los musulmanes. “Los cristianos han de salir a la calle, sin miedo a las críticas y respetar y aceptar las creencias del otro”. Para el sacerdote, en un momento en que el hecho religioso está permanentemente puesto en entredicho, la unidad de los cristianos es “esencial para el testimonio”. Va más allá y apuesta por el contacto y el encuentro incluso con los no cristianos. “A los niños y jóvenes musulmanes con los que tenemos relación, por ejemplo, a través de Cáritas o los centros de inmigrantes, les insistimos en que sean buenos creyentes y respeten y mantengan sus costumbres, porque todos necesitamos a Dios en un mundo que quiere eliminar no sólo al Dios cristiano sino a cualquier realidad religiosa”.

Importante presencia evangélica
En la ciudad de Torrent es notable la presencia de iglesias evangélicas. Se trata de pequeñas comunidades de fieles situadas bajo el amplísimo paraguas que es el protestantismo, dividido en todo el mundo en iglesias y denominaciones. En general, el credo de las iglesias evangélicas, que pueden recibir además alguna denominación concreta, se asienta sobre tres pilares básicos: la Trinidad, la salvación sólo por medio de la fe en Cristo y la infalibilidad bíblica.

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La comunidad evangélica más reciente de la ciudad nació en 2007 en Camí Reial. De esta vía toma el nombre la Iglesia Apostólica Camino Real, constituida por alrededor de un centenar de miembros. Con algo más de recorrido cuenta la Iglesia Evangélica Bautista el Salvador, arraigada en el barrio Poble Nou. Asentada en otra barriada de la ciudad, esta vez en Xenillet, está la Iglesia Evangélica Pentecostal de Filadelfia, dedicada especialmente a la evangelización del pueblo gitano. Asimismo, desde hace algunos años, lo que fueron los cines del centro comercial Las Américas son hoy los locales de la comunidad Tiempo de Cosecha de la Iglesia Evangélica Bautista. Esta última es una de las comunidades más conocidas de la ciudad por el impacto de su asociación juvenil Nova Vida. El club de fútbol Evangélico es la base de un proyecto social que cada día abarca más áreas de actuación y cuenta con más adeptos.

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