erótica Londres

Manel, el guía de un tour por el Londres regio, asegura de fuentes bien informadas que el gobierno británico, por orden de la mismísima reina Isabel, está tratando de encontrar cuál sería el mejor modo de cobrar por respirar. En Londres se paga por todo. Mucho.

Se paga por el bus, el metro y el taxi. Se paga la comida. Se pagan las copas que te tomas en el pub en ese extraño horario al que los españoles no parecen dispuestos a adaptarse. Prefieren vagabundear a las dos de la madrugada en busca de un local abierto en el que no quede lo mejor de cada casa. Se pagan las camisetas que te compras en el irrenunciable paseo por Nottig Hill. Es lo corriente. Nada que no vaya a encontrarse en cualquier lugar del mundo. De este, se entiende.

Es un abrir y no cerrar la cartera. Y se acaba pagando para que un brasileño te inflija un humillante 9-0 al futbolín en un improvisado duelo trasatlántico entre dos formas de entender el balompié.

Lo que Manel no sabía, obviando el hecho de que era el guía de un tour en el que el cliente pone el precio una vez prestado el servicio, es que existe otro modo de patear Londres de arriba a abajo y descubrirla, aunque sea borrosa y líquida a través de la lluvia. Recorrer durante horas calles, callejones, bulevares, plazas y avenidas en busca de los ángeles de Victoria’s Secret. Lo que no deja de tener algo de erótico y que cierra el círculo abierto por las historias de cama de los reyes de Inglaterra. Conocer la ciudad siguiendo el rastro de culos y tetas.

Música para acompañar este recorrido:

Un pensament sobre “erótica Londres

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