hay futuro para ellos

La colaboración entre empresas de la ciudad y el centro Laura Vicuña para la realización de prácticas profesionales abre la puerta de la reinserción educativa de menores con fracaso escolar y riesgo de exclusión social

Un alumna, diurante sus prácticas en una peluquería.

Un alumna, durante sus prácticas en una peluquería. (Foto: F. S.)

Violencia, drogas y ausencia de normas. En este contexto se manejaba Mateo (nombre ficticio) cuando llegó al centro Laura Vicuña con diez años. Presentaba problemas de agresividad constante y vivía acogido por sus abuelos en una casa ingobernable debido a los problemas de adicción de su madre. Su deficiente rendimiento académico desembocó en abandono escolar a los 15 años. Ahora, con 16, su vida ha cambiado. Ha mejorado su comportamiento y ha aprendido a aceptar su situación personal. Está a punto de finalizar un programa de cualificación profesional inicial (P. C. P. I.) en el Centro Laura Vicuña y eso, entre otras muchas cosas, significa tener un futuro por delante. Aunque la situación económica de su familia es crítica, con su madre rehabilitada y el apoyo de sus abuelos el futuro se presenta ante sus ojos de adolescente de otra manera.

Mateo bien podría ser uno de los cincuenta chicos y chicas que en los últimos días han comenzado sus primeras prácticas profesionales en otros tantas empresas de la ciudad. Lo hacen tras pasar por las aulas y los talleres del Centro Laura Vicuña. Diversidad de casos y diversidad de realidades pero un denominador común: fracaso escolar. Ninguno de ellos ha superado la educación secundaria obligatoria pero sus módulos de Administración, Cortinaje, Electricidad, Estética y Peluquería y este primer contacto de unas semanas con la realidad laboral les abre las puertas del mercado de trabajo, de la obtención de los estudios básicos o, quién sabe, de aspirar a partir de ahí a mayores objetivos. Ahora tienen algo por lo que avanzar. Una segunda oportunidad.

Reportaje publicado en el último número de Torrent Informatiu, en edición impresa, con más reportajes y entrevistas

“La dura realidad es que la mayoría de los menores que tras el abandono de los estudios obligatorios no consiguen acceder a un P. C. P. I. acaban en la calle y, en función de su carácter o de su situación particular, este problema puede derivar en situaciones de mayor riesgo como el consumo de drogas o la delincuencia, con las consecuencias que esto puede acarrear”, resalta el director del centro, Francisco Fenoll.

“La experiencia de prácticas es para estos chavales el primer contacto con el mundo empresarial tras un curso de formación, marca profundamente y la viven, primero, con nervios porque no saben cómo van a responder y, más tarde, como colofón a lo aprendido durante el año”, añade.

Las cifras invitan a una prudente esperanza. El año pasado, según datos facilitados por la asociación, el 68 por ciento de los chicos y chicas que completaron el itinerario formativo lograron reengancharse a los estudios. “Creemos que es un muy buen dato”, subraya Fenoll. Tras el periodo de prácticas, de entre 100 y 150 horas según la especialidad, se presentan ante ellos dos posibilidades. Por un lado, pueden obtener el graduado escolar en una escuela de adultos o cursando un segundo año de P.C.P.I. Por otro, tienen la posibilidad de, superando una prueba de acceso, entrar en un ciclo formativo de grado medio y continuar su formación profesional y técnica.

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Menor, aunque digno de resaltar, es el porcentaje de “inserciones laborales”. El curso pasado cinco jóvenes encontraron un empleo al finalizar el módulo. Quienes más valoran este último dato son los propietarios de los negocios y empresas por los que pasan los menores. Paqui, de una empresa de corte y confección, asegura sentirse “más que satisfecha” al conocer que una de las chicas que hizo las prácticas en su taller logró un empleo. Más aún cuando ella misma obtuvo el certificado que luce en su taller en el propio centro Laura Vicuña. Por su parte, Vanesa, que regenta una peluquería y que también se formó en esta asociación, subraya el concepto de oportunidad. “Ojalá yo hubiera podido hacer prácticas al terminar el curso y poder formarme en un trabajo de verdad”.

Fenoll, sin embargo, matiza que el P.C.P.I. otorga la posibilidad de trabajar pero “tal y como está el mercado laboral hoy en día” ese camino no parece el ideal. El principal objetivo de los módulos P. C. P. I. es la “reinserción educativa”. Por este motivo, la culminación del módulo garantiza cinco puntos en la prueba de acceso a un ciclo formativo de grado medio.

Reportaje publicado en el último número de Torrent Informatiu, en edición impresa, con más reportajes y entrevistas

Los empresarios son parte fundamental de esta red educativo-laboral. Sin ellos, todo el trabajo de un año quedaría en poco. “La mayoría de las empresas con la que trabajamos repite”, resalta el director. Pero hacen falta más. La asociación Laura Vicuña sigue necesitando empresas que estén dispuestas a colaborar en la inserción social y laboral de menores en riesgo de exclusión. Es posible que con el trabajo de los educadores, otra pieza clave, y el apoyo de los empresarios con el tiempo, el caso de Mateo sea un caso, de verdad, ficticio.

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